Dicen que pido mucho del resto.
Si mucho son dos segundos
de tu atención,
tomar un café,
leer el periódico,
viendo otras parejas pasear
de la mano de aquel
cuyas manos son dispares,
sí,
pido mucho del resto.
¿Cuán cínico me quieres, amor?
Que yo, que de utopías
de cafetería anhelo,
algún día tendré que dejar
de darlo todo,
para que por fin te des cuenta
de lo que poco
que pide
este erudito a la violeta.
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